Esas dichosas licencias...

Hemos alcanzado un punto en el que la práctica competitiva del trial, más del lujo, roza el exhibicionismo. Indiscutible y previsible habida cuenta la larga sucesión de mediocridades que ponemos en el gobierno, además sin solución de futuro. Tan nocivos resultamos los deportistas para este sistema, basado en el oportunismo, que el amplio surtido de requerimientos y medidas no deja lugar a dudas de que todas ellas se orientan al auto-proteccionismo gubernamental, en lugar de a promover y garantizar que los gobernados puedan ejercer uno de sus derechos fundamentales: practicar deporte.

Sin embargo, a menudo, el señuelo del mediambientalismo radical sirve solo como excusa para pusilánimes, como es el caso de los forajidos trialeros, condenados a la comodidad de unos legisladores que nos han instalado, de modo permanente e injusto, fuera de la ley. Son estas, pues, las circunstancias en las que tenemos que ponernos de pie sobre la moto, es un hecho.

Pero también es un hecho que no recuerdo un golpe de estado desde aquel ridículo sainete de Tejero y el Rey D. Juan Carlos, a principios de los 80. Desde entonces, ya ha llovido y se ha secado. Así que nadie podrá negar que todo lo que nos sucede es imputable al producto de nuestra propia voluntad. Que no nos gusta, bueno, quizá es que nos conviene, como las vacunas. Ajo y aguita, pues, queridos.

El precio al que hemos dejado llegar las licencias deportivas motociclistas resultan ya un insulto a la razón y al sentido común. Cosas del libremercado y los monopolios comerciales, que, suriosamente, no sucede con otras aficiones y actividades mucho menos sacrificadas, que todos tenemos en mente ¿verdad?

Como la unidad nacional (= nación) fue en su día sentenciada por aquel gran estadista de imperecedero en el recuerdo en el corazón de todos, Sr. Rodríguez Zapatero ("... un concepto discutido y discutible"), resultaría un error imperdonable que las compañías aseguradoras dejasen pasar la ocasión de beneficiarse del deficiente criterio unitario que rige cualquier país cabal. De modo que las múltiples españas son tratadas por éstas como lo que són: los emiratos hispánicos. ¿Cómo iba a tener que ver el volumen de incidencias del motociclismo murciano con el levantino, siendo tan diferentes territorios?

Os lo explicaré con el caso de La Rioja. Su federación de motociclismo regional, al cabo del año, organiza un número de pruebas muy pequeño, en las que predominan las especialidades menos "lesivas" para los intereses de las compañías aseguradoras, como el trial - mira por dónde. Esto es: el número de partes de accidente que los trialeros suma al cabo del año es mucho menor que el de otras especialidades, como... brrllrlrllrlpprl... el MotoCross, por ejemplo (Y también menos costoso). Así que como a Fernando VII, al presi de la riojana se las ponían así de arremengadas. «¡Tate!: como mi número de incidencias es notablemente menor - y les importa un bledo las causas - puedo obtener mejores precios para los seguros de mis licencias. Así que mi obligación es con mis licenciados, pero no con el motociclismo. Que los pilotos saquen aquí sus licencias (más baratitas) y que corran donde les dejen con ellas, y yastá».

«Castilla y León es una comunidad que no podemos evitar que sea vecina, pero - eso sí - está poblada por seres de otras características que merecen ser - como poco - ninguneados. Vas a comparar...»

Pues bien, ya tenemos un agujero perfectamente legal, pero que lesiona las garantías jurídicas de los habitantes de ambas regiones, meen por donde meen, sean de la especie que sean. La federación de motociclismo de Castilla y León es, sin embargo, presidida por una Junta Directiva cuya vocación es fomentar la sana competición entre sus federados, con un número tan alto de pruebas como le es posible (nada menos quee unas 160 anuales, segunda o tercera de entre las de todas las españas). Es decir, «... unos psicópatas que lo que pretenden es dejar a los riojanos en evidencia».

«Al fin y al cabo, los perjudicados van a ser siempre los ingenuos paganinis a quienes facilmente se les torea de salón en cualquier asamblea. Si la federación de Castilla y León no permite el uso de licencias expedidas por otras territoriales... el marrón va para ellos, y nosotros como pinceles».

El espíritu solidario, característico de los trialeros, contrasta pronunciadamente, pues, con políticas - esas sí - tan diferentes. Quizá es que lo que en realidad tanto nos diferencia sean los esfuerzos de algunos sacamantecas que de deportistas tienen lo que un servidor de sexador de ostras.

Quizá no esté lejos el día en que tengamos al frente de la federación nacional a un tipo bien cerebrado y deportista, que no tema hacer las preguntas necesarias a quien corresponda. Hasta entonces... un abrazo de complicidad para todos, y en especial para mi admirado Chicho Domínguez Terremoto.